En el saloncito con… Mujeres y madres Magazine

¿Y si os digo que hoy cumplimos los “saloncitos de plata“? ¡Qué! ¿Cómo os quedáis? ¡Veinticinco!, son nada más y nada menos las personas, mujeres, hombres, madres y padres, que han pasado por aquí. Y hoy para la ocasión me pongo de tiros largos y ¡ala! A falta de una, ¡once! Once mujeres increíbles están hoy en esta sección para contarnos algunas cosas sobre ellas. Para descubrirnos un poquito más. 😉

Una conversación de Facebook, así como si tal cosa las llevó a unirse. Ahora son además de un equipo, un grupo de amigas que han creado un punto de encuentro en el que, como ellas dicen, tú eres la protagonista. Porque si eres mujer y madre Mujeres y madres magazine es tu espacio.

En apenas dos meses de andadura superaron las cien mil visitas, y es que en este ameno magazine digital se han propuesto hacernos reír, llorar, reflexionar,… Y lo hacen como sólo ellas podrían hacerlo, con el corazón. (Ala, ahí me he gustado, ¿eh?)

Sin más, me dejo de prolegómenos, y os dejo con ellas. ¡Disfruten!

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FRUTA (MARIA JARDÓN): Me trae a la cabeza tres “sentimientos” muy diferentes. Por un lado “pereza” sí, soy de ese grupo conocido como los “perezosos de la fruta”, es decir, esas personas a las que nos gustan los plátanos, las mandarinas y poco más…Todo lo que no suponga un esfuerzo pelar. Por otro, “facilidad” desde que nació, a Pitufo le vuelve loco la fruta, si le das a elegir entre desayunar una magdalena o un Kiwi se tira directo al Kiwi. Así que introducir las tan temidas papillas de frutas fue pan comido. Y finalmente, “desesperación”; todo lo fácil que lo puso su hermano, lo puso difícil el peque de la casa. Os aseguro que he llegado a tener pesadillas pensando en como darle la papilla “DESESPERANTE” . Entendí perfectamente a las madres que miraban con envidia como el mayor abría la boca y decía “más mama, más”.

AGUJA (SARA): Yo vengo de familia de costureras. Mi abuela vistió primorosamente a mi madre y a mis tíos y después tomó el relevo con las nietas. Hasta que tuve casi 15 años toda la ropa que entraba en casa la hacía ella. Para mí era maravilloso ir a su casa y elegir de un armario descomunal la tela de mi próximo vestido: este me lo haces así, con el cuello asá y aquí le pones ese detalle. Era genial. Yo adoraba a mi abuela, que era un ser excepcional y agujas e hilo siempre me recuerdan a ella. Mi madre le tomó el relevo con la diferencia de que a ella no le gusta coser ropa sino “cosas”. Tal cual puse los pies fuera de su casa mi cuarto se convirtió en el cuarto de costura, ahora colonizado por los juguetes de mis hijas y mi sobrino. Y ¿sabéis qué? Me da mucha ternura. De algún modo se cierra el círculo.

Bronceador (VERO): Cuando era niña nadie hablaba de los efectos perniciosos del sol. O si hablaban, mi madre hacía oídos sordos. De hecho, cuando entré en la pubertad me embadurnaba con una crema bronceadora de zanahoria que vendían en tarros de cristal (reconocería su olor entre miles) y es que “con el moreno todo sienta bien”. Ea. Un día, cuando tenía diecinueve años, dormí en la playa con una amiga después de una noche de juerga. Todo muy chic. Nos despertamos a las doce de la mañana y yo descubrí con horror que tenía las pantorrillas en carne viva, abrasadas literalmente y llenas de ampollitas. Por culpa de aquel lamentable incidente, desarrollé una intolerancia al sol, así que me he vuelto una obsesa de las cremas de protección solar: SPF 50 para toda la familia; y SPF 90 para mi cara y el inicio de temporada. El bronceador ha desaparecido de mi diccionario. Por supuesto, después de las vacaciones vuelvo a la ciudad más blancucha de lo que me fui.

Malla (RUTH): Las mallas forman parte de mi pasado, mi presente y mi futuro. Me explico. Fui a gimnasia rítmica desde pequeña, llegando a estar un par de veranos en una concentración de gimnastas. Pero mi tamaño y complexión, propias de una judoka de peso pesado, me forzaron a colgar la “malla”. Hace unos años, cuando descubrí lo cómodas que eras las mallas para ir a trabajar, con blusas largas, jerséis oversize o vestidos, decidí que serían un must en mi armario. ¡Ahora las uso para dormir también! Y desde la primavera pasada, mi hija mayor se enfunda una malla negra cada domingo para subirse al trapecio de danza aérea. No es rítmica (porque su tamaño tampoco es el apropiado) pero es su pasión

Caramelo (LYDIA): Nunca me han atraído las chuches, parecía la niña rara de la clase. Pero durante muchos años siempre, Siempre llevaba caramelos de menta en la mochila o en el bolso. Me resfriaba de la garganta y me iban genial para tener la garganta hidratada y respirar mejor. De un día para otro dejé de tomarlos. Aunque no he sido de caramelos, mi ración de azúcar diaria me la tomaba de otras maneras, nocilla, lacasitos… Son mi perdición, hasta el día de hoy, así me va… Que tengo cita con el dentista en unos días.

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Zapato (LETICIA): Desde que llegué a la adolescencia comencé a usar tacones: botines, sandalias, zapatos… cuanto más altos mejor. Empecé a salir por las noches y a subirme en unos stilettos, encaramada a los cuales danzaba hasta las tantas. Hacía, además, todo el trayecto de ida porque en el de vuelta, ya en el taxi, iba sin zapatos. Si la noche había sido de baile intenso los pies me dolían hasta la tarde del día siguiente pero no me importaba nada y si salíamos otra vez me los volvía a calzar. A los treinta y cuatro me quedé embarazada y hacia la mitad del embarazo empecé a llevar zapatos planos porque me daban mayor sensación de seguridad. Así continué durante buena parte del puerperio: hasta que Ojazos pasó del año no me puse tacones salvo en alguna ocasión especial. Ahora que pasa de los dos estoy empezando a recuperar la costumbre… la vida se ve mejor desde un poquito más arriba.

MOSQUITO (MARÍA JOSÉ): Los odio, no puedo evitarlo, sólo oir su zumbido en la noche, hace que salte de la cama y zapatilla en mano, me pongo a buscar en la pared, techo, cabecero, cualquier sombra me asusta. Y esto es debido a que soy la de “sangre dulce” que siempre le pican. A la que buscan para picarme, y dejarme la cara hinchada, el brazo, las piernas, cualquier zona de mi cuerpo les encanta. Y siempre es lo mismo, el primer día no me sale nada,y me creo que ya ha pasado, y al segundo… una reacción en mi cuerpo con una hinchazón enorme. Y el zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz….. es un sonido que se mete en mi oído, y que no me deja tranquila, tanto que sigo oyéndolo aunque ya no esté. Y sólo descanso cuando ha hecho… ppppfffff… contra la pared.

PEGAMENTO (PILAR): El pegamento trae a mi nariz ese olor a pupitre de cuando iba a la escuela y hacíamos manualidades o estábamos en clase de pretecnología (¡menudo nombrecito!). Nunca se me han dado demasiado bien estas cosas, sin embargo me encantaba el ambiente que teníamos en esas clases. No era necesario estar en silencio, hacíamos un trabajo creativo y divertido. Ahora, cuando mis hijas y yo hacemos manualidades y usamos pegamento, todavía me acuerdo de aquellas clases tan entretenidas en las que me divertía tanto…

AZUL (Nat): Un color especial. Un color que trasmite paz, calma y tranquilidad. Que me huele a vacaciones, a mar, a risas, a felicidad… El color de los ojos de mi princesa pequeña, ese azul intenso que ilumina cada día de mi vida y transmite pureza, inocencia y vida.

MESA (Patch): cuando empecé a vivir en mi primera casa, en la que no había muebles, yo lo tenía claro: lo primero que necesitaba era un mueble para poner la tele y una mesa para poder escribir. Aquella mesa vivió grandes aventuras, no solo el principio de mi andadura como trabajadora desde casa, sino grandes comidas y cenas rodeada de buenos amigos, el principio de mi historia de amor con el que hoy es mi marido… Me dio mucha pena dejarla atrás al mudarme pero cuando las cosas no pueden ser, no pueden ser. No obstante, estoy segura de que ha tenido una buena vida también después de mí, con los sucesivos inquilinos de esa casa.

CINTA (Merak): Vaya por delante que, en mi idioma raruno, una cinta puede ser lo que el común de los mortales llaman lazo. Pero no voy a hablar aquí de lazos, que no fui demasiado proclive a utilizarlos con mis hijas, así que no soy, ni mucho menos, una experta. Naciendo a finales de los 70, una cinta es, inevitablemente, la que se metía en el radiocasset. Yo creo que cualquier treinteañero -más cerca de los 40 que de los 30- podría escribir su historia vital de forma pareja a la evolución de su relación con las cintas de radiocassete. Desde la primera que recuerdas -en mi caso unos grandes éxitos de Los Panchos que fomentaron mi gusto por los boleros y otra, de un grupo infantil que no recuerdo pero que cantaba la canción de Naranjito-, a los grandes éxitos que nunca faltaron -todas las primaveras, por mi cumple, pedía el disco de estreno de Hombres G y ya teníamos “tormento” para todo el verano-, o los primeros hits en ingles -todavía recuerdo lo curioso que me pareció que el album de Pet Shop Boys tuviera una canción titulada Side One y otra Side Two-. El primer radiocasset de uso exclusivo, el walkman y sus pilas que se acababan en un visto y no visto, rebobinar con el bolígrafo, grabar canciones de los cuarenta o ya, lo más de lo más, el radiocassette de doble pletina…

¡Gracias por este ratito tan agradable, chicas!

25 pensamientos en “En el saloncito con… Mujeres y madres Magazine

  1. Como me han gustado estas bodas y que nostálgica me he puesto con sus respuestas! Las cintas de casette, la crema de zanahoria que yo también me embadurnaba con inconsciencia, el pegamento en el cole y los zapatos incómodos pero monisimos que usaba para salir y que ahora me daría vértigo ponerme.. Me encantan estas chicas!! Felicidades por esos 25 saloncitos, y que sean muchos más!!

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    • ¡Gracias preciosa!

      Me pasa igual que a Leticia. Lo mío con los tacones es puro amor. Pero entre embarazo y embarazo, necesito un período de readaptación, jijijijiji. Con Diego tardé como dos años en subirme a los tacones de nuevo. ¡Pero es que me encantan! Y cuanto más altos e imposibles sean, mejor.

      Alguna vez lo he pensado… ¿Qué pensaría mi hijo si le pongo una cinta de casette delante? ¡Yo creo que no ha visto una en su vida! Y Merak lo ha explicado tan bien. Pero si es que todo lo que ha contado ¡fue ayer!

      ¡Un besazo gordo!

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  2. Pero bueno! Tú que morruda eres! No tenías bastante con tener una invitada y haces una fiesta de celebridades que ya la quisiera la Preyler!
    Ahora en serio, son geniales todas. Con algunas he tenido más trato que con otras pero siempre es estupendo conocer alguna cosilla extra de lo que solemos ver en las redes sociales.
    Muchísimos besos a las 11 fantásticas, que están repletas de superpoderes y enhorabuena Vero por tenerlas aquí contigo.
    MUAKSSSSSSSS

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    • Aaaaaaaaamiga… Una que es una suertuda y puede contar con invitadas así 😉

      A mí es lo que más me gusta de esta sección. Que tengo la oportunidad de conocer a gente con la que normalmente ya hablo pero de otra manera y en otro contexto. Además, gracias a esta sección ha habido mucha gente que ha descubierto nuevos blogs que antes no conocía. Y eso para mí también es una gran satisfacción.

      Un besazo de vuelta multiplicado por doce. Que la anfitriona también te manda para ti, uno bien fuerte.

      ¡Mmmmmmmmmmmmuaks!

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  3. Muchas gracias Vero por invitarnos y por esa pedazo de presentación que nos has hecho. Felicidades también por estos 25 saloncitos, ahora a por los 50!!!!
    Un beso guapa!

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    • Gracias a vosotras, María. La entrada debía estar a la altura de este pedazo de equipo que habéis creado.

      Gracias y espero poder seguir con esta sección que poco a poco me ayuda a ir conociendo un poquito mejor a gente maravillosa. A ver si llegamos a los 50, jejeje

      Os deseo de corazón que sigáis en esta línea de exitazo total.

      ¡Un besazo enorme!

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  4. Me encantan todas ellas (justo ahora vengo de leer su post de hoy sobre modas de colores para el pelo) y su iniciativa, tan desenfadada y divertida. Mi madre también hizo alguna brutalidad como la de Vero tomando el sol en su juventud, y yo no me he quemado jamás, ni con esas cremas de zanahoria. Lo de que a Lydia no le gusten los caramelos ¡mira qué lista! No le gustan los baratos pero los dulces más elaborados sí que se los come. Y ese fondo de armario de Sara gracias a su abuela ¡siempre tienen historias geniales que contar! Por cierto ¡felicidades por las bodas de plata del saloncito!

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    • ¡Muchas gracias, guapa!

      Parece mentira, pero sí, 25 ya… 😉

      Madre mía, yo también cometí esas “burradas” con las cremas solares. Hasta aceite Jonhsons me he llegado a poner… Madre mía, un vuelta y vuelta en toda regla. Y ahora sigo siendo de vuelta y vuelta, pero lógicamente me pongo protector…

      Yo con las chuches tengo un problema. Directamente. ¡Soy medio adicta!

      La verdad es que da gusto leerlas a todas ellas.

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