En el saloncito con… Planeando ser padres

Hoy retomo la sección del saloncito con una mujer muy especial. Ella es Lucía. La primera persona que comencé a seguir en este alocado pero intenso mundo de la blogosfera maternal. Prácticamente desde las primeras semanas pude vivir “de cerca” con ella el embarazo de su bichilla, y sin duda me quedé enganchada a su blog. Por su frescura, su sentido del humor y porque sabe llamar a las cosas con su nombre.

¡Vamos allá!

Hospital. Me pareció un hotel de pocas estrellas. La verdad es que la única vez que he estado ingresada ha sido para el parto de mi bichilla. Ya sabrás que hay cantidad de gente que quiere pedir el alta voluntaria para volver a casa y vivir su maternidad cómodamente. Pues yo hubiera firmado para quedarme en el hospital un mes completo. Y mira que tenía que compartir habitación, pero venía una señora que limpiaba, otra me traía la comida, gente experta que nos atendía a mí y a mi bichilla ¡eso es un lujo de los grandes!

Turno. ¡De noche! Mira que nunca he tenido un trabajo en este turno horario, pero desde que mi bichilla cumplió 7 meses y se me desincronizó del todo, me da la sensación de que me canso más de noche que de día. Un despertar tras otro, una teta para un lado, un paseíto cuando hay mocos, acostarse a las tantas para despertarse temprano. Sólo me dedico a ser mamá blogger 24 horas, pero este ritmo de mi turno nocturno es durillo de llevar.

wpid-wp-1428985612416.jpgMiedos. A la muerte. Mi vida queda claramente reflejada en un capítulo de Los Simpsons en el que el abuelo Abe va por todos lados gritando “¡Ahhh! La muerte”, presuponiendo que la gente mayor ve a la parca en cada esquina. Pues yo soy un poco vieja para esas cosas: veo la muerte en un semáforo para peatones que empieza a parpadear, en un frenazo del coche, en un resbalón por la calle, en un cabezazo a traición de mi bichilla. De pequeña tenía pesadillas porque pensaba que si me moría iría al cielo (santita que era una) y me lo imaginaba como un camino de nubes que no llegaba a ninguna parte ¡me agobiaba sólo de pensarlo!

Ansiedad. Uy, esto es para el papá de mi bichilla porque yo soy muy pachorrona y no me he desestabilizado tanto por nada.

Tranquilidad. ¡Esta sí! Yo soy la tranquilidad hecha mujer (de talla grande). Vivo sin estrés, nada me quita el sueño (bueno, sí mi bichilla, pero porque hace ruido, no por preocupaciones), sin presiones, sin envidiar a nadie, contenta con lo que tengo. Soy una balsa de aceite.

Amor. ¡Cosa más bonita! Cuando el papá de mi bichilla y yo éramos jóvenes y nos queríamos, el amor estaba “in the air”. Ahora supongo que también, pero no nos queda tiempo para recrearnos con él. La niña y el trabajo lo ocupan todo.  Aunque algo debe quedar porque si no ya estaríamos a las puertas del divorcio (y no te creas, porque dependiendo del día…).

Compañerismo. En la vida el compañerismo lo es todo. En la pareja, en el trabajo, en las relaciones de amistad. Sinceramente creo que siendo individualistas llegaremos poco lejos. Sin embargo, nunca sabes quién puede ser la persona que te lance hacia adelante, que impulse tu carrera, o cualquier otro aspecto de tu vida. Del mismo modo que nosotros podemos ser el punto de partida en la vida de otras personas.

Miradas. Dicen mucho, pero de un tiempo a esta parte en mi casa casi son el principal medio de comunicación. ¿Sabes cuando antes de ser madre por primera vez solemos decir que nos comportaremos como siempre y que haremos ruidos normales cuando nuestro churumbel duerma para que se acostumbre a todo? ¡Jajaja! Pues aquí ya ni susurramos para comunicarnos por miedo a despertar a la fiera. Antes de ser madre yo era experta en miradas que matan, pero la maternidad me ha dejado para el arrastre y ahora creo que no impongo respeto ni nada.

Dulzura. ¡Mmm! Chocolate. ¡Ay! Es que estoy viviendo un engaño, porque después de no haber tenido ni un antojo durante el embarazo, me confié pensando que con la lactancia me quedaría hecha una sílfide. Y ahora ando deseosa de dulces a cada momento. Y no me privo de nada. Y claro, debo ser la única mujer a la que la lactancia le está poniendo kilos en lugar de quitármelos. Pero aun así ¡viva lo dulce!

Espera. ¿A qué? Para esto sí que soy un poco impaciente. Como algo se me meta en la cabeza lo quiero ya, al momento, en este mismo instante y no tengo espera ninguna. Esto puede resultar desesperante, porque si me da ese entusiasmo repentino por algo suelo olvidarme de ello a los pocos días. Estas pasiones tan repentinas nunca me traen nada bueno.

Luces. ¡Factura! Siempre hemos sido muy ahorrativos utilizando los suministros domésticos, pero esta niña está en esa maravillosa fase de darle a los interruptores una vez, y otra vez, y otra vez. ¡Tengo la casa que parece una discoteca! Y claro, por mucha bombillita LED o de bajo consumo que hayamos instalado ¡miedo me da la próxima factura! Este despliegue de luces es un complot orquestado por los bebés y las empresas eléctricas. Ya se descubrirá de aquí a un tiempo, ya.

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Padres. ¡Planeando ser padres! Niña es que el blog no me lo quito de la cabeza. Desde que no logré conciliar mi vida familiar y profesional ahí ando dándole que te pego a los posts diarios para compartir nuestras experiencias como padres primerizos. Y oye ¡encantada de la vida! Porque se ha ido creando una comunidad genial en torno al blog y he podido conocer a gente realmente interesante. Ser padres es una decisión trascendental para cualquiera pero es que a mí esa palabra me ha traído muchas cosas buenas.

Plantas. ¡Muerte! No sabes tú la mala mano que tengo yo para las plantas. En mi vida he tenido unos cuantos bonsáis y el que alcanzó una existencia más plácida y duradera creo que la espichó al cabo de un par de años. Menos mal que criar niños parece que se me está dando mejor, porque con la buena genética de mi abuela y de mi madre para el mundo de la jardinería no sé cómo no he podido  heredar ni un poquito de sus habilidades para el cuidado de las plantas.

Comidas. ¡Jajaja! Primero he pensado ¡uy qué porno! Pero eso no reflejaría mi ser en sí mismo. Comer me encanta, soy poco delicada, pero una pésima cocinera. Y con la niña no he mejorado en este ámbito. De hecho, la falta de tiempo hace que me salte cantidad de comidas al día ¡mira que ahorro en época de crisis! Hay veces que sólo desayuno y ceno. Otras logro hacer algo más entre medio… Soy un desastre en este aspecto, estoy completamente descontrolada y así se me está poniendo este tipo de vaca-burra que luzco.

Vida. No hay más que una y aquí estamos para exprimirla al máximo. Me gusta tener una vida medianamente organizada y planear muchas cosas. Pero a la vez soy consciente de que lo que no disfrute hoy no lo podré recuperar mañana. A veces, pocas, me entra la preocupación por todas esas personas que se sacrifican durante años para poder disfrutar de su jubilación, o roban tiempo a sus familias para avanzar en el trabajo, y después resulta que tantos esfuerzos quedan truncados por alguna fatalidad… ¡ay! No quiero terminar así la entrevista, que te voy a dejar el saloncito de luto, pero creo que cada día debemos mentalizarnos en que hay que ser felices hoy. Mañana también. Y al otro. Pero no sacrifiquemos las alegrías de hoy por si no llegan las de más allá.

Muchas gracias, Lucía por este ratito tan agradable. Como siempre, un placer leerte.

Por si aún no lo tienes, cosa que me extrañaría… Lucía nos cuenta su experiencia personal del embarazo en este libro que puedes adquirir en Amazon. Siempre desde su óptica personal, aunque con datos interesantes y documentados.

Desdramatizando el embarazo semana a semana

38 pensamientos en “En el saloncito con… Planeando ser padres

  1. jajajajajajjaja me ha encantado1 Lucía es una autentica! Yo también la sigo desde mis principios en la blogosfera Y la verdad que ha crecido taaaanto!! ME encanta el vuelco que le ha dado a su vida desde que tiene el blog y la admiro muchisimo por el paso que dió al no conciliar su vida laboral con la familiar! BRAVO!
    Encantada de haberla conocido un poquito mejor en ese saloncito…
    Un besazo a las 2!

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  2. Oyeeee, que de cosas se pueden saber de una persona con tan solo unas palabras. Me ha encantado leerla..y eso que me ha costado varios dias jaja,pero es que nunca encontraba un hueco.
    Yo también soy pachorrona, el estrés lo dejo para el padre(y eso que para él, es el 4º hijo..pero como si fuese el 1º,es un histerico).
    Ah..y también mato a las plantas, que se le va a hacer, no tengo mano.

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      • Mi marido tiene plantas..las cuida,las mima, las riega (las trata mejor que a mi) y de pronto llego yo un dia, al cerrar la ventana , le rozo con la cortina a una y…desastre! se la he debido de matar porque lleva dos días preguntándome que le hice a su plantita.
        De pequeña era peor, nunca me gustaron los animales y mi madre se empeñaba en comprarlos. Tuve hamster, tortugas,hurones,peces..todos con un fatídico final.

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      • ¡Me parto! Ya te imagino matando plantas y bichos siendo una niña. Y pobre marido ¿cómo le haces esas cosas? En eso tengo suerte, porque a este hombre le interesa menos el cultivo que a mí.

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  3. Genial la entrevista y genial Lucía como siempre.
    Coincido en lo de las plantas, no heredé el don que tenía mi madre con ellas y he llegado a matar aloes y plantas que se suponen que son muy resistentes… Menos mal que los animales y los bebés se me dan genial jajaja.

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    • Jajajajajajaja ¡qué manía de comerse las plantas! Yo tuve una vez una planta que compré en Ikea, y la jodía gata me la agujereaba con los dientes… Pobrecita. ¡Para una que parecía que me estaba durando! Al final se la di a mis padres. Creo que la planta lo agradeció. Pero la verdad es que no se me dan nada bien… ¿Conoces a alguien que haya logrado asesinar a un Aloe vera? Pues esa soy yo. 😛

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    • Al menos vosotras tenéis la excusa por un gato que os las destroza, pero hasta el nacimiento de mi bichilla vivía sin ningún obstáculo en este ámbito y aún así nada prosperó. Sin embargo, mi madre se encuentra un trozo de rosal en la calle, lo siembra y le dura eternamente.

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  4. Tan fantástica como siempre nuestra querida Lucía… con una visión de la vida que me encanta pero… tengo que decirla que esta vez no tiene la exclusiva de la cogida de peso durante la lactancia… yo cogí 12 kilos con cada lactancia… eso sí que es esparramarse..jejejejeje

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    • ¡Aaaaaaamiga! Justo ayer lo comentaba en un grupo de Facebook. Que a veces tengo la sensación de que soy la única que en lugar de adelgazar, engorda con la lactancia. Pero ya veo que no… Y aunque mal de muchos, consuelo de tontos, yo me quedo mucho más tranquila. ¡Y es que lactar da mucho hambre!

      Ya somos tres fijas en el club, pero sé que hay más esparramadas por la vida 😛

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      • ¡Ole y ole! Las mujeres que engordan con la lactancia en lugar de adelgazar debemos ser buena gente a la fuerza. Y simpáticas y perfectas en todo lo demás,porque si no yo no entiendo por qué nos han dado esta mala predisposición genética.

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      • ¡Jajaja! Eso del mierdipost me ha encantado. No soy mucho de carnavales, ni de publicar fotos sin texto. Lo mío es enrollarme de mala manera. Mi padre, que desde hace unos meses me lee, me dice que tendría que escribir la mitad, pero en menos espacio no me da tiempo a contar nada.

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