Así lo vivió papá. La llegada de Xabier.

El parto, el embarazo, los movimientos del bebé… Son cosas que sólo las mujeres tenemos el privilegio de sentir. Sin embargo, hay una parte muy importante en la historia que a veces se nos olvida. Es esa parte sin la cual todo esto no sería posible. Son nuestros compañeros en este viaje. Nada más y nada menos que los papás de nuestros hijos. Aquellos que pasan casi inadvertidos por una historia que a fin de cuentas es tan suya como nuestra. Ellos también tienen mucho que decir…

En nuestro caso hemos querido compartir cómo vivió él la llegada de nuestro pequeño. Por un lado para dejar reflejo de cada sensación, de cada sentimiento. Ellos también sienten. Un legado para él, para Xabier. Un recuerdo para nosotros, ya que el tiempo tiende a hacernos borrar ciertas cosas de la memoria y ésta sin duda merece la pena inmortalizarla.

Comenzó el día, como otro cualquiera, mucho sueño y pocas ganas de nada, un día de trabajo más, como siempre haciendo de tripas corazón tome carrerilla y fui tomando impulso…

Pero mi día comenzó realmente cuando sobre las 09:00 horas recibo un wathsApp de mi mujer anunciándome que todo podría comenzar. Recibí junto a dicha noticia un aviso de que no la agobiara. Ella me informaría de todo de manera puntual…

Ni que decir tiene que tenía los nervios a flor de piel, una mezcla entre miedo, alegría, estrés… 50.000 “Y si…” me rondaban por la cabeza… ¿Me dará tiempo a llegar? ¿Saldrá todo bien? ¿Y si…?

Tuve momentos muy comprometidos en el trabajo, comencé a entrar en bucle, a estar completamente difuso… Por suerte llegó el final de la jornada, el viaje de vuelta. Cuando llegué a casa ella sentía contracciones constantes, no dolorosas pero que ahí estaban… En la visita al hospital nos confirmaron que efectivamente estaba todo en proceso, pero era imposible saber cuándo comenzaría realmente y cuánto duraría

Aquel que me conozca un poco sabe que me gusta ceñirme a un horario, un guión, no me refiero a algo fijo e inmutable, pocas cosas hay de esas, sino a una aproximación, algo que me permita mantener la ilusión de que tengo algo de control sobre la situación por mucho que luego sea completamente imprevisible ¡lo sé!, pero en este caso me encontraba a bordo de un cohete que estaba bajo el control de un tercero y en el que todo atisbo de control era una ilusión, no me he sentido tan errático en mi vida, un mero espectador…

Volvería a sentir eso de nuevo multiplicado por 1000…

A las 19:45 recibo la llamada clave… ¡Ya está en marcha! ¡Esto cada vez duele mas! (Pobrecita mía) Creo sinceramente que me podría ganar la vida conduciendo, no soy una persona de correr mucho, pero hoy en día puedo asegurar que sé cuánto da de sí mi coche… Comenzó un viaje en el que en todo momento mantuve la consciencia de tratar de hacer el viaje a mi mujer lo más cómodo posible, nada de brusquedades, ni volantazos, suavidad (Esto es mi experiencia subjetiva puede que me equivoque… Esto quizá debería corroborarlo mi mujer). No sé cómo me concentre en conducir nada más, tenía algo que hacer en un tiempo limitado… La ilusión de control me atrapo de nuevo… Llegamos al hospital, gestionamos el ingreso, la primera atención, y de repente me dicen que he de esperar fuera… (Sé que es así y no tengo nada que objetar) De repente me vuelvo a encontrar perdido, descolocado, por un lado me alejan de mi mujer, y me quedo yo conmigo mismo. En ese momento recordé que tenía el coche en la puerta de urgencias, bajé, busqué aparcamiento, subí de nuevo, hice varias llamadas… y ese vómito de actividad se acabó… La lista de tareas pendientes estaba acabada. De nuevo no tenía nada en que concentrarme, nada que hacer salvo esperar (claro y preocuparme). De nuevo en la sala de espera, sólo, acompañado por los nervios y los interminables “Y si…”

De repente todo se precipitó. Tras unas horas de idas y venidas, viajes y vueltas, tension y nervios estabamos donde teniamos que estar, todo había comenzado.

Nos encontrabamos los dos en una habitacion cercana al paritorio, Vero estaba monitorizada y las contracciones iban en aumento, yo la veía sufrir y me sentía como un mueble. No podía hacer nada por ayudarla… Ella sufría de lo lindo… A pesar de todo su sufrimiento hasta el último momento no decidió prescindir de la epidural. Pensé que era muy valiente. Nunca imaginé que pudiera ser capaz de aguantar tanto y me sorprendió su dureza, todavía tuvo tiempo de darme ánimos a mí diciéndome en un momento de frustración en el que me lamenté de no saber qué hacer. ¡Ya que no podía hacer nada para… Nada! que lo único que podía hacer era estar, sólo estar… En fin, si antes la quería y respetaba sin límite, ahora sólo puedo decir que ese sentimiento ha crecido…

Visita tras visita de las matronas, suena como si fueran muchas pero solo serian 2 o 3… se iba clarificando el panorama, pese a ser un mueble veía que todo iba bien, nos iban informando de que iba dilatando bien, pero el niño estaba muy alto aún… Sin embargo, tras una revision por parte de las matronas vi sin llegar al paritorio el pelo de mi hijo.

– ¡Venga, al paritorio! ¿vas a entrar?.- Me preguntaron.

– Sí, claro.- Respondí yo confuso.

– Muy bien. Primero va ella y luego venimos a por ti. Ponte esto (Me entregaron una bata y unos patucos de esos verdes) y espera aquí.

Nervios, tembleque, no sabía dónde meterme, no sabia qué hacer… Y por fin escuché, “Puedes pasar” Ahora lo pienso y me doy cuenta de que parecía un recluta con 5 personas alrededor dándole órdenes y éste sin saber por cuál empezar. Tratando de comenzarlas todas al tiempo…

Al fin entré, todo controlado. Con mucho cuidado me situé a un lado, no queria molestar. Recibí una invitacion por parte de las matronas ¿Quieres ponerte aquí? Ni me lo pense, primera fila, no me iba a perder ni un segundo de la llegada de Xabier, mi hijo. Vero en esos momentos no necesitaba nada de mí, estaba concentrada en empujar y sabía lo que tenía que hacer, aunque yo la seguía animando…

8 minutos ¡3 empujones tremendos, terribles! Señores si una mujer nos diera un bofetón con una fracción de la fuerza que emplean en traer a nuestros hijos al mundo… La ilusión del sexo débil no hubiera existido jamás.

Y entonces llegó. El tiempo se detuvo. El mayor espectáculo del mundo, la octava maravilla… Una cabecita con pelo, un cuerpito, nuestro hijo pequeño se reunía con nosotros por fin. Tuve la suerte de ver como salía, y cómo se anunciaba. Lloró. Fui a consolarle, ya que lo habían acercado a la pediatra para limpiarle la garganta, no sin antes parecer desorientado ya que no sabía si dejar a Vero sola, irme con el pequeño, o qué. Ella fue la que me dijo que fuera con el, viví los primeros minutos con mi hijo recién nacido. Sus primeros minutos… Lo que sentí entonces me los guardo para mí, solo diré que fue algo maravilloso e irrepetible. ÚNICO.

Acto seguido nos reunimos los tres, nosotros dos, con mi mujer, que recibió a nuestro pequeño, y por fin, la felicidad y la tranquilidad fue completa, terminaba la larga espera, los miedos, las tensiones, y la incertidumbre.
Viví la llegada de mi hijo de una manera emocionante y con muchos nervios pero emocionado.

En conclusión diré que nuestro papel, el del hombre, visto a posteriori es el de dar apoyo moral y tratar de ayudar, sólo eso, ayudar, en todos los pasos del proceso. Ellas son las especialistas.

No obstante, no tengo calificativos para definir todo lo que siento, único, maravilloso, emocionante. Las palabras no alcanzan a describirlo… Amor, cariño, tampoco lo describen, mi mejor consejo es, si puedes vívelo, merece la pena y te cambia la vida.

 

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23 pensamientos en “Así lo vivió papá. La llegada de Xabier.

  1. Buah, la emoción a flor de piel… Lo he leído en voz alta para que mi marido lo escuchara, y tenía que ir tragando despacio de la emoción… Es precioso, unas palabras que transmiten tantos sentimientos…
    Enhorabuena a Xabier por ese papá tan maravilloso y a ti por ese estupendísimo marido ❤

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  2. Uffff… me he emocionado muchísimo! inevitablemente lo veo desde el otro lado. En muchas ocasiones se deja a los padres en un segundo plano y es algo que me da mucha pena. Por supuesto que es la mujer la que pare, pero ese hijo es fruto de ambos, ese momento mágino queda grabado a fuego en ambos, es la historia de los 2 y del otro en camino. Es habitual verlos con esa carita de desconcierto, son saber muy bien qué hacer, sin querer molestar, sin plantearse si quiera a veces comentar sus dudas o… sus miedos! cómo va a decir un papá en esos momentos que tiene miedos!… a veces son los grandes olvidados. Eso sí, en el postparto les exigimos que actúen como auténticos pilares de toda la situación, que lidien con las dificultades y no se vengan abajo… ya que son tan importantes en el puerperio, démosles su papel protagonista en el parto, que también lo tienen, al menos es mi forma de verlo… gran post!

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  3. Jo, qué bonito…. Vero, tengo los ojos humedecidos, menos mal que estoy sola en la ofi… Ains, qué bonita sensación verla desde los ojos del padre. QUé grandes momentos. Y qué felicidad en un segundo!
    Eso sí, un poco mandona tú, no? ¿¿No me agobies??? pero tíaaaaaaa, si el pobre era un flan!! Como le dices que empieza y que no te atosigue¿?

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  4. Me lo puedo imaginar sin grandes esfuerzos
    habrá momentos en la vida importantes para recordar
    Pero sin duda ese momento será
    Uno de ellos.
    Besitos para todos y enhorabuena

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  5. Creo que si el papá de la bichilla se hubiese decidido a contar su experiencia hubiera relatado algo muy similar a lo del papá de Xabier. Bueno, el mío hubiera puesto más énfasis en lo que le dolieron a él mis contracciones, ero el resto sería casi igual. Sin que ellos se enteren: van a ser unos papás geniales.

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  6. Precioso, yo creo que es el momento más importante en la vida de una persona, ya sea hombre o mujer. Llevaba desde ayer esperando a leer este post (gracias por el chivatazo jeje) y me ha encantado. Ahora me has dado la idea, y creo que papá león le va a tocar escribir algo jeje aunque dudo que me haga caso 😦

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  7. Creo que para los papas es una experiencia alucinante, algo que no podían llegar a imaginar. Siempre recordaré la cara de mi marido en el parto de nuestra primera hija, estaba ojiplático contandome todo lo que veía, como si aquello que estaba pasando fuera sobrenatural.

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  8. Me estoy riendo yo sola, de imaginarle. Pobre mio, estaba histérico. Es una gran persona, con un gran corazón y te quiere por encima de todo (como debe ser). Y ese momentazo no olvidará nunca, nos olvidamos de ellos pero también sienten y padecen. Enhorabuena a los dos. Os quiero.

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