En el saloncito con… Merak Luna

Como ya os adelanté ayer, agarraros la pamela porque hoy en el saloncito tenemos temporal. Fuertes aires racheados que han llegado para hacer tambalear la mesa camilla de este rincón. Una entrevista amena, sincera y que desprende aire fresco desde la primera hasta la última letra. Pequeñas confesiones ;), sentimientos, sonrisas y mucho más. Ella es @MerakLuna en las redes sociales, la persona que dirige el blog Ciclogénesis implosiva, hoy y aquí, sencillamente María.

Te invito a que, si alguna de las palabras te sugiere algo, un pensamiento, un momento, un sentimiento ¡¡María y yo estaremos encantadas de que lo compartas!! Vamos allá…

 

wpid-wp-1399929252484.jpegEmbarazo. El tiempo distorsiona nuestros recuerdos, en mi caso, casi siempre para bien. Si soy rigurosa, mis embarazos no fueron ninguna maravilla. Sobre todo los primeros meses en los que, aunque no vomitaba, me pasaba el día con un malestar general que me agrió el carácter bastante. Alimentándome básicamente de sopistan y almendras crudas… Sin embargo, ahora que  el tiempo ha mitigado esos malos momentos, recuerdo ambos embarazos como una de las etapas más felices de mi vida, sobre todo en ese periodo entre  la mitad del segundo trimestre y del tercero, que te sientes pletórica y que lo único que lamentas es que el bombo que te gastas te impida jugar al baloncesto o patinar, aunque haga años que no tocas un balón y nunca antes te hayas montado en patines… Bueno, en patines no, pero en bici me recorrí un pueblecito italiano embarazada de seis meses. Y es que me pareció mucho más honroso para mi ego desafiar a la gravedad sobre dos ruedas que permitir que el padre de las criaturas me pasease en un carrito de esos en los que los padres europeos arrastran a sus hijos como si yo fuese una oronda princesa Disney y aquello una calesa. Nadie es tan especial como una mujer embarazada, que alberga una vida en su interior, que acumula sensaciones en su cuerpo que dejan en ella una huella para toda la vida… Después  llega el parto y ¡zas! salvo para tu madre, has dejado de existir para la humanidad, pero eso mejor no contarlo.

Maternidad. La maternidad es uno de esos aspectos de la vida que no se pueden definir con palabras. La maternidad, como la paternidad, hay que vivirlas, porque cualquier cosa que se diga de ella es solo un vago reflejo de la realidad. Un reflejo vago y distorsionado, pues resulta una experiencia tan subjetiva que no creo que haya dos personas que la vivan del mismo modo. La maternidad es ese acontecimiento que vuelve tu vida del revés. Ese hecho que hace que, inevitablemente, te refieras a tu existencia como “antes de” y “después de”. Siempre cuento lo mismo, pero una de las revelaciones más grandes que me han hecho me la ofreció mi suegra cuando nació mi primera hija: “A partir de ahora, da igual que tu hija sea un bebé o adulta, nunca más vas a vivir tranquila, siempre vas a tener una preocupación contigo que no se irá hasta que te mueras”. Y es así, la maternidad borra tu yo individual para convertirte en una persona que late con dos, tres, cuatro… corazones.

Noche. Noches plácidas, noches de verano, noches de marcha, noches de estudio, noches que se confunden con la madrugada al teléfono con el primer novio, noches eternas jugando con el ordenador… noches he tenido muchas y para todos los gustos pero, últimamente, las noches solo se pueden catalogar en noches “con” o “sin” niñas. Las noches con niñas fueron durante muchos meses una pesadilla. Mis dos hijas -sobre todo la mayor- durmieron fatal, no tanto de bebé como después de cumplir el año. A partir de ahí fueron un continuo de despertares, de colecho forzado, de paseos nocturnos, de repaso a la discografía de Andrés Calamaro a altas horas de la madrugada, de boleros nocturnos en el salón y canciones de coro de iglesia deambulando por el pasillo. Mucha gente me censuró, pero desde poco después de nacer (porque pude y quise), mi hija se quedaba una noche a la semana a dormir en casa de mis padres. Ahora es cuando tendría que empezar a justificarme como una loca, como hice durante mucho tiempo, pero a estas alturas ya estoy de vuelta de todo. No creo que haya sido ni sea mejor o peor madre por hacerlo. Solo tenía la oportunidad y la necesidad. Una madre agotada como yo estaba ni es madre ni es nada y esa noche de dormir a pierna suelta me daba la vida y me hacía afrontar mi maternidad con energía renovada y absoluto optimismo. Estoy segura de que no nos hizo mal a ninguna y, con el tiempo, cuando dejó de ser una necesidad, ese “exilio” no solo se convirtió en voluntario, sino en un placer para ellas y una moneda de cambio más para gestionar comportamientos inadecuados. A día de hoy, decirles “esta semana no os quedáis en casa de XXX o YYY -cada una de las abuelas-” es el peor castigo inimaginable. Y su padre y yo, mientras tanto, ¿a disfrutar? ¿a hacer vida social? ¿a salir de marchuqui…? Pues va a ser que no… más bien a aprovechar para dormir, dormir y más dormir, y también para planchar, para cocinar comida para la semana… ¡vamos! Lo que se suele decir, un planazo.

Esterilizar y Leche. Mi mayor fue prematura. Nació y fue directa para la unidad de neonatos. Un lugar al que nosotros solo podíamos acceder dos veces al día. Es una historia triste, pero yo no quiero poneros tristes, que ya bastante trascendental estoy hoy. Yo quiero contaros una anécdota respecto a la leche materna y los recipientes esterilizados. Todavía en el hospital, dedicaba mi tiempo libre a extraerme leche que mi madre se llevaba a almacenar al congelador de casa. En el hospital todo eran problemas, así que yo me las tenía que apañar como podía. Una enfermera me aconsejó que un buen lugar para almacenar la leche eran los botes estériles que se utilizan para los análisis de orina. Como sabéis, de esos botes hay dos tamaños: el pequeñito, que no da ni para un chupito, y el que yo considero normal. Le pedí a mi suegra que me comprara una buena remesa en la farmacia y le hice especial hincapié en que no me cogiera el pequeño, sino el grande. Cuando la vi llegar al hospital con el cargamento no daba crédito. Había traído solo dos… pero de más de un litro, de esos en los que se recoge la orina de todo el día…

 

wpid-wp-1399929336375.pngCacas. Uno de los superpoderes que muchas mujeres desarrollamos con la maternidad es la pérdida absoluta de escrúpulos -creo también que de la vergüenza, pero esa palabra no la tengo en la lista-. El caso es que yo, respecto a mis hijas, nunca he tenido demasiados. Me han meado y vomitado encima en repetidas ocasiones; me como las sobras de sus platos e, incluso, y aunque esto me da asquito, puedo beber de esos vasos en los que, tras la comida, flotan todo tipo de residuos orgánicos. A su lado, las cacas, las caquitas, los pastelitos, los phoskitos… como queráis llamarlo, no son nada. Con los años sí es cierto que cada vez me amarga más seguir limpiando culos. ¡Que la mayor tiene casi ocho años y, como a ella -que es una princesita- le da asco, tengo que limpiarla yo! Así que, como además tiene hora fija para evacuar y es una actividad, como el bostezar, altamente contagiosa, creo que podré decir que la infancia de mis hijas ha terminado cuando no tenga que limpiar dos culos durante cada comida, un día tras otro… A veces ves aquello y piensas, ¿cómo de un culito tan pequeño y mono pueden salir estas cosas gigantes y “malolorosas”?

Sonrisas. “Con lo linda que eres cuando sonríes, nunca deberías estar triste”. Esta frase se la repito siempre que puedo a mi hija la pequeña, con tendencia a la bipolaridad. Se la digo en bajito, al oído, como si fuese un gran secreto, y sé que a ella la hace sentir especial. Objetivo cumplido pues. Es un tópico pero, como para cualquier madre o padre, no hay nada más hermoso, más reconfortante, que me estremezca más que la sonrisa de mis niñas. Creo, sinceramente, que la razón de mi existencia es, ahora mismo, única y exclusivamente hacerlas felices. Y su sonrisa es el cuño que así lo certifica. Oír sus carcajadas a lo lejos, cuando juegan entre ellas ajenas al mundo, o cuando hacemos uno de esos “ataques cosquillosos” que tanto les gustan es la mejor medicina para el ánimo.

Salidas.¿Nocturnas? Las mías ni las recuerdo y solo de pensar en las suyas se me ponen los pelos como escarpias. Así que pensemos mejor en las diurnas. Hubo un tiempo en que salir de casa con ellas era una necesidad. Demasiada energía para enjaularla entre cuatro paredes. Invierno o verano nos echábamos a las calles/centros comerciales. Ahora, a medida que van creciendo y se entretienen de otra forma, disfrutamos más del tiempo que pasamos en casa. Con todo y con eso, nosotros somos muy de salir. Aquí, por culpa de la climatología, no nos podemos prodigar demasiado, pero nos encantan las excursiones, esas en las que los palos y las piedras son el tesoro más preciado y los bocatas de salchichón saben deliciosos sobre una manta en el campo.

Hijas. A estas alturas de mi vida sé que sin ellas yo ya no soy nada. Y a partir de ahí, todo lo que pueda añadir está de más.

Consejos. Siempre confié en el buen criterio de mi madre y por eso me dejé guiar por sus consejos. Llegué a la maternidad con gran ilusión, pero con la mente muy abierta y sin expectativas concretas respecto a temas que parecen trascendentales, quizás porque hace ocho años no había el bombardeo de información al que las embarazadas se ven sometidas ahora o, por lo menos, yo me mantuve ajena a él. Fue mi madre la que me dio el mejor consejo respecto a la maternidad y es el que yo, de buena fe, intento transmitir: Tu hijo no necesita solo una madre… ¡Necesita una madre feliz!, así que no te olvides de ti -cuídate, descansa, desconecta-, porque solo estando tú bien, podrás cuidar de él como necesita.

Hospital. Cuando nació, mi hija mayor pasó 32 días en el hospital para ganar peso. Solo la podía ver dos veces al día, apenas veinte minutos en cada ocasión y, al principio, ni siquiera la podía tocar. La gente siempre dice que lo llevé con mucha entereza pero, por primera vez, ahora que nadie nos oye, os voy a confesar que no era entereza, sino inconsciencia. Sinceramente creo que, tal y como fue su llegada al mundo, con una cesárea de urgencia, en la semana 34, sin saber muy bien qué estaba pasando,  estuve durante semanas en estado de shock. Si no, no entiendo cómo pude soportarlo, porque ahora, la sola idea de dejar a una de mis peques en un hospital, solas, sin nadie conocido, me encoge el corazón.

 

wpid-wp-1399930024228.jpegCaricias. Durante un tiempo, las Caricias -con mayúsculas- eran las que me daba el padre de las criaturas. Ese contacto con la yema de sus dedos que hacía saltar chispas en mi piel. También ahora lo consigue, aunque no tenga la oportunidad de prodigarse en arrumacos tan a menudo y mis sensores epidérmicos estén atrofiados por el cansancio. Ahora, las caricias erótico-festivas deben convivir con ese noble tacto, piel con piel, que mis hijas, sobre todo la mayor, me reclaman muchas noches para quedarse dormidas: “Hazme caricitas en la espalda… Ahora en la barriga… Pero no de las que me hacen cosquillas…” Y yo me dejo querer y prodigo mis arrumacos hasta que una de las dos termina grogui.

Olor. No es un sentido que tenga especialmente desarrollado, pero, sin duda, sí que es el que es capaz de despertarme sensaciones más poderosas, evocarme recuerdos casi tangibles. No voy a decir que recuerdo el olor de mis bebés, porque os mentiría. Pero sí que, durante mucho tiempo, en esas noches interminables de insomnio infantil, cuando ya no tenía fuerza física y mental, lo único que me consolaba era hundir la cabeza entre los rizos que entonces lucía mi hija mayor y aspirar su aroma. Ahora, cuando pienso en olores, se me viene a la cabeza inevitablemente al padre de las criaturas, que jura y perjura que la pequeña “huele igual que tú”. Yo no sé si es cierto o no, pero sí puedo asegurar que desprende un olor embriagador. Por las mañanas, recién levantada, ese tufillo cochinote a sudor infantil  y sueño me vuelve loca cuando acerco mi nariz a sus mofletes y la despierto con besitos.

Manitas. Las manitas, con esos dedos rechonchitos, se aferran a la tuya  y es imposible soltarlas. Podemos abrirlas, podemos alejarnos, pero, figuradamente, siempre llevaré a mis hijas agarradas de la mano, mostrándoles el mundo desde la seguridad que les da mi compañía.

¿Te apetece sentarte conmigo en el saloncito? Mándame un email y nos tomamos un café virtual.

  elrincondemixka@gmail.com

55 pensamientos en “En el saloncito con… Merak Luna

  1. Comencé a leerla a raíz de algún reírhastareventar de los viernes (que, por cierto, ya no se hace?) y me pareció tan coherente lo que escribía. Le perdí la pista, por no haberla seguido en mi feed, y por no tener tiempo, que ya ves que aparezco de vez en cuando, aunque trato de contestar a todo.
    Lo de ser una madre feliz, estoy al 100% de acuerdo con María. Ellos nos necesitan así, para cosas malas, ya está la vida :p

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    • ¡Hola guapa!

      Pues un día por otro y la casa sin barrer, ya sabes. Al final dejamos el #Rhr. Y la verdad que fue una pena, porque yo al menos me lo pasaba pipa. 😉

      El tema tiempo creo que es el talón de Aquiles de todas o la mayoría de las mamis blogueras. Aunque sé, tengo la certeza de que María te gustará. Tiene mucho que aportar. De hecho ha estrenado una nueva sección a la que nos invita a participar a todas las mamis “Hay vida después de los seis”… ¡No te lo pierdas!

      ¡Muak!

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  2. merak!!!!!!!!!!! me ha encantado!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    me quedo con lo de que hay que cuidarse uno mismo y sólo así es como puedes afrontar lo demás… yo lo procuro cada día de trabajo. Y aunque a veces cuesta mucho esfuerzo, la recompensa es grata. Si tú estás bien, los chavales están mejor.
    Enhorabuena, todo lo que transmites es demasie!!
    y como anécdota… más de una vez tenemos atascos en el baño… tenemos de esos wc que son enanos para los enanos… pero alguien debería inventar otro tipo de wc… porque hijamíademivida, nadie ha pensado en los troncos que crecen en esos cuerpecicos????? jajajjajajaja… nosotros a veces nos llamamos y todo… en plan… “mira lo que ha plantado el colega”… y las risas, entre malos olores, están aseguradas… voto por desagües más grandes!!!”… jajajjajaja…
    chica, es lo que hay, y en serio, me ha encantado conocer-te-os… un poquico más… ahora a seguir disfrutando!!
    Un besazo!!

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    • Le diré al padre de las criaturas que lea este comentario, para que se quede tranquilo, porque a veces también me llama y me dice: “Pero a tí te parece normal el tamaño de ESTO?” Ahora le podré decir que se quede tranquilo jajaja. Muchas gracias por tus palabras, sabes que es un placer encontrarme con tus comentarios

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  3. Ole! No se ven muchos ejemplos de ese apoyo en los abuelos, lo normal es por una mezcla de orgullo y vergüenza utilizar el “yo me lo guiso yo me lo como” pero después de todo son nuestros padres! Una entrevista muy chula

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    • ¡Hola Iván!

      Pues fíjate que a mí no me pareció nada malo en absoluto que hicieran eso. Un premio para los niños, para los abuelos y para los padres. Todos contentos. Además creo que muy al hilo del otro consejo, ¿No? Yo creo que cuando uno está descansado ve la vida de otro color… Jejejeje y está mucho más receptivo. Y siempre que no sea algo impuesto y todas las partes estén de acuerdo me parece una medida muy buena. 🙂

      ¡Besazos!

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    • Nuestra familia sería inviable sin abuelos en cuanto a la organización pero es que, además, te diré que cuando más crecen las niñas, más valoro la presencia de sus abuelos en sus vidas. Es una delicia la relación que existe entre ellos. No voy a juzgar las decisiones que tomen otros padres, faltaría más, pero te aseguro que yo, sinceramente, creo que privar a los niños de sus abuelos es hacer que se pierdan algo vital en su vida. Ahora bien, también es cierto que yo hablo así porque los cuatro abuelos con los que yo lidio son fantásticos. Pero bueno, eso ya lo conté en este post http://ciclogenesisimplosiva.blogspot.com.es/2014/04/he-crecido-tu-lado-gracias-abuel.html.

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  4. A María no la conozco en profundidad pero me encanta. Ayer nos pusimos a conversar un rato y me gusta más.
    Tu madre María y la mía, nos dieron el mismo consejo 🙂 me encanta.
    En cuanto a las cacas, yo aún sigo limpiando y son cacas X 3 aunque a veces no me de tiempo a mí ni de orinar. Sin embargo de ascos hay una sola cosa que si me molesta hacer y es limpiar vómitos. M2 es una “gomitona” desde que nació 😦 que mal karma el mío.
    Mixka, qué gustazo este post. Besos a las dos.

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    • Buf… Lo de los “gomitos” es que es una cosa… A ver, no es que las cacas sean agradables… Jajajajajajaja, que no lo son, pero lo otro es simplemente asqueroso. De todas formas yo para opinar en este tema soy un caso aparte, porque soy una asquerosa y una doña escrupulosa de mucho cuidado… Jijijijiji (Sí, soy la excepción que confirma la regla).

      ¡Muchas gracias guapa! ¡Un placer que te haya gustado este saloncito!

      ¡Un besazo enorme de vuelta! 🙂

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    • Ay!!! los “gómitos”!!! Voy a confesaros que yo los limpio, sí, pero respirando por la boca, que si no se me revuelve el estómago y quiero morir… Kat espero que repitamos muy pronto esas conversaciones. Después de todo lo que me contaste creo que eres increible y justo finalizamos la charla cuando se ponía más interesante!

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  5. Que decirte yo de Maria?….. que me encanta….. y más ahora que he conectado más con ella. De todo lo que nos ha contado me quedo con una frase que es TAL CUAL…. Tu hijo no necesita una madre… necesita una madre feliz….. ese fue mi pensamiento cuando decidí separarme……

    Felicidades a ambas por la entrada

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    • ¡Hola Bea!

      Totalmente de acuerdo contigo y muy sabia tu decisión… Ya lo hemos hablado muchas veces. Sólo hay que ver las caras de tus hijas y la tuya misma… Era eso, o una vida “de paso”. Mucho, muchísimo mejor así 😉

      María es un solete que no deja a nadie que la conozca indiferente 😉

      ¡Un besote guapa!

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    • Al cien por cien de acuerdo con Vero, tu cara de felicidad y la de las niñas os delata. A la gente buena, al final, la tiene que acabar recompensando la vida, no? Muchas gracias Bea, es un placer tenerte en mi mundillo virtual

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  6. Me ha encantado este saloncito!!!! me he reido con los botes de litro para llenar de teta jajajajja y me he emocionado con los consejos de tu madre y la historia de tu hija mayor en el hospital.

    Muchos besos a las dos; a Vero y a María.

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    • ¡Hola preciosa!

      Creo que los botes de litro pasarán a la historia en la casa de María… Jajajajajajaja y que ya forman parte del libro de anécdotas navideñas de la familia 😛

      Los consejos para imprimir y pegar con un buen imán en la nevera. Que no se nos ha de olvidar jamás ser felices para poder transmitir al resto ese sentimiento.

      ¡Besazos de vuelta! ¡Muaka!

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    • Ni el segundo día, ni el tercero, ni el cuarto… eso no lo llené yo nunca, ni lo intenté, vamos! Y sí, es de esas anécdotas que tarde o temprano siempre salen a relucir.

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  7. ¡Jajaja! Me parto con tu suegra y su confianza en que recién parida ibas a llenar recipientes de un litro con el calostro. ¡Eso es apoyo a la lactancia y lo demás tonterías! Muy buena la entrevista. Hay que ver lo que se complica la estancia en el hospital con un bebé tan prematuro. Creo que las cosas deberían estar mejor organizadas para que las mamás no tuviesen que estar tanto tiempo separadas de sus bichillos en estos casos.

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    • Jajajajajajaja ¡Hola guapa!

      ¡Lo de la suegra es para ponerle un! monumento! Lo que me pude reír yo también con la anécdota…

      Respecto a lo otro… Tiene que ser duro no, lo siguiente. Lo que no entiendo es por qué de un hospital a otro cambian tanto los protocolos. Que en unos sitios tengas acceso 24 horas y sin limitaciones (los padres, claro) y en otros no… Quizá sea también en función de la gravedad, no lo sé… En cualquiera de los casos, para una madre que acaba de dar a luz esa angustia y esa preocupación no puede ser comparable a nada… No lo quiero ni pensar.

      ¡Un abrazo!

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    • Mi experiencia, en ese sentido, fue nefasta. El personal colaboraba en todo, pero es que el protocolo en el hospital era ese y no otro. Si me llegan a pillar ahora, más resabida, remuevo Roma con Santiago para pasar más tiempo con mi bebita

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  8. Pues qué voy a decir… María me encanta en 140 caracteres, en su blog, y por supuesto como entrevistada. Un auténtico placer leer tan sabias y experimentadas palabras juntas. Me ha encantado el consejo de la madre… SER FELIZ es importantísimo. De nada sirve una madre abnegada que se niega a sí misma. Y por otro lado, muy fan del momento HACER SENTIR ESPECIAL A LA PEQUEÑA. Esas frases, esos guiños de complicidad que se crean serán eternos.
    Besotes gigantes a las dos!!!

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    • ¡Ay Vero…!

      Le dijo la sartén al cazo… Estoy totalmente de acuerdo con tus palabras hacia María y ese pequeño gran detalle que has resaltado. Seguro que su peque los recuerda para toda la vida.

      ¡Besote enorme de vuelta! Y ya sabes que cuando quieras te espero taza en mano en el saloncito 😉 ¡Muak!

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    • La peque es tan chunga como dulce. Cuando está de buenas es un terroncito de azúcar y yo se camelarla. Es decirle con cara de dolor “Ah! creo que necesito algo…” y ella ya dice con cara de resignación “un besito para sentirte mejor…” Es bonito tener guiños distintos con cada una de ellas. A la mayor le digo “como desees” como en la Princesa Prometida y ya la tengo rendida a mis pies. Ahora que lo pienso, la cameladora, definitivamente, soy yo, no ellas.
      Gracias por decir tantas cosas bonitas sobre mí. Sabes que es un sentimiento más que compartido

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  9. Tu madre es una crack!! El mejor consejo sobre maternidad que he oído en mi vida, y mira que mi madre tambien me los da buenísimos, pero con ese engloba toda la pura verdad. Me ha encantado conocerte en este saloncito, todo un placer!

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    • Mi madre, como todas, es la mejor. Menos cuando te dice “ya te lo decía yo…” o peor todavía, cuando te sucede algo que ella predijo que te iba a pasar y tu piensas, “ya me lo dijo mi madre…”. El placer es mío de leer todos vuestros comentarios. Gracias

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    • ¡Hola guapa!

      Sí, ya lo he dicho por ahí abajo, pero es curioso que a ninguna nos ha dejado indiferente ese consejo. Por algo será, jejejej

      La experiencia del hospital muy dura… Entiendo que vivirlo ha de ser mucho peor que contarlo. Porque cuando se trata de ti, bueno… Pero cuando es alguno de tus hij@s… No lo puedo ni imaginar. Gracias a que todo salió bien y hoy sólo es un mal recuerdo.

      ¡Besotes! 🙂

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    • Respecto a lo del hospital, es una experiencia que me ha provocado sentimientos que han ido evolucionando. Desde el subidón del principio, al bajón de después y ahora, que todo está bien, el típico orgullo de “mírala que grande, linda y lista… pues fue prematura, 1,700 me pesó; y no tenía pestañas ni cejas, y parecía un monito, y…” Historias de la mili

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  10. Verídico como la vida misma , algo que ha descrito tan exacto que me ha venido los olores es la verdad como un templo de que por muy escrupulosa que hayas sido , las cacas ,los vómitos y cualquier fluido de tu hijo te da igual , parece que es dar a luz y que nos de esa coraza para verle maravilloso. Y desde luego , madre se es para toda la vida por muy mayores que sean tus hijos , tus preocupaciones van cambiando conforme cambia su vida , qué son bebés ,pues lo típico ,que no se enfermen y demás , que son adolescentes ,¡ay ,qué estoy en ello! , pero bien, tranquilos.

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    • Pues sí, cualquier fluido que sale de su cuerpecillo es “agua bendita”, aunque sea de lo más asquerosete. Y afortunadamente! porque con los que tenemos que limpiar…

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    • ¡Hola guapa!

      Bueno, yo voy a hacer una confesión… Prefiero limpiar cacas… Soy una escrupulosa asquerosa, por lo menos lo reconozco.

      Eso sí, madre se es para toda la vida y madre no hay más que una. Estoy totalmente de acuerdo con lo que comentas. Esos miedos y preocupaciones no desaparecen, sólo van evolucionando con ellos… ¡Y es más casi me atrevería a decir que crecen incluso!

      ¡Un abrazo! 🙂

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