En el saloncito con… M de Mamá

Hoy huele de nuevo a café recién hecho en esta casa, y nos sentamos en el saloncito con una mujer increíble. Su espontaneidad y su forma de ver y respirar la vida no dejan a nadie indiferente. Ella es tal cual la leeréis hoy aquí. Natural, sin dobleces, amor y cariño, razón y reflexión, amistad en forma de risas y sonrisas. Ella es con M de Mamá… ¡Y G de Grande!

Te invito a que, si alguna de las palabras te sugiere algo, un pensamiento, un momento, un sentimiento ¡¡Noni y yo estaremos encantadas de que lo compartas!! Vamos allá…

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Lactancia. He vivido dos lactancias muy diferentes. Una corta por, quizás, falta de información y apoyo, que acabó a los 5 meses y que fue mixta desde el segundo mes; y una segunda de la que aún hoy, 18 meses después, disfruto y que, por el momento, no tiene fecha de caducidad porque ni me la he planteado ni mi Rubio tampoco. Me hubiera encantado saber lo que ahora sé para haber podido disfrutar mi primera lactancia tal como lo estoy haciendo ahora, pero aún así me considero realmente afortunada al haber querido dar pecho y haberlo conseguido en ambos casos. Con Pichu lloré cuando se acabó. Imagino que con Rubiazo será tres cuartos de lo mismo. Aunque dicen las malas lenguas que, a este paso, soltará mi teta para “engancharse a la de la novia”. Me parto.

Expectativas. Cuando vas a ser madre es inevitable no crearte expectativas; aunque, al menos en mi caso, cuando al fin te conviertes en MAMÁ, dejas a un lado lo etéreo o soñado y das paso a la magia del día a día y de lo natural. Mi única expectativa que aun hoy mantengo: SER LA MEJOR MADRE DEL MUNDO PARA MIS DOS TESOROS, que difiere mucho de ser la madre perfecta.

Papá. Buf. Quien me conoce sabe que esta palabra hoy por hoy me acumula lágrimas en los ojos y traza un nudo gordo en mi garganta. Hace seis meses perdí a una de las personas más importantes en mi vida, y probablemente la que más me ha marcado y de la que más he aprendido: mi padre. Papá también es Roberto, padre de mis dos amores y compañero de vida y viaje. Pero PAPÁ es sobre todo para mí esa bella alma, de sonrisa perpetua hasta en su final, esa voz medio ronca de los últimos días al decirme “guapa”, esa mirada profunda llena de vida y saber, que hoy habita en una estrella y al que espero cada noche para que me dé su beso.

Visitas. ¡Uuuuy! ¿Y si te digo que dediqué un post enterito a este temita taaaan candente? Qué complicado. Perdón, qué complicado lo hacen aquellas personas que no se ponen en la piel ni del bebé, ni de la parturienta ni del padre o pareja si los hay. Llámame rara pero yo soy de las que no tiene un ansia loca por conocer al recién nacido y felicitar a su madre. Rectifico, las ganas las tengo, pero la paciencia necesaria como para saber que no van a salir por patas y que si no es hoy será en una semana… También. Con Pichu conseguimos, con malas caras y comentarios sobre lo raritos que éramos, que nos respetaran media hora solos nada más nació. A partir de ahí, ni horas ni leches. Sigo pensando que debemos ser raros y asociales. Con Rubiazo ha sido algo diferente, parece que tenemos más autoridad ahora que no somos primerizos. O eso o la cara de doberman impone más que la de caniche.

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Guardería. Oh yeah! En nuestro caso, tanto Pichu como Rubiazo han sido carne de cañón, vamos, de guardería. Tampoco han tenido más opción. Nosotros decidimos seguir trabajando cuando mi permiso maternal y lactancia acabaron, y tras unos meses con el mejor tío canguro del mundo, la guarde a sus 9 y 11 meses respectivamente, fue la mejor opción. Somos maestros y tenemos la suerte de salir de trabajar a la vez que nuestros peques, así que podemos disfrutarlos (y lo hacemos) a diario. La guardería les ha dado otro mundo, les ha abierto opciones de juego, de socialización y de un montón de cosas más que yo personalmente no cambiaría por nada.

Virus. Por otro lado, virus es a guardería como amor es a madre. ¡Madre del amor hermoso y olé! Y eso que Rubiazo viene inmunizado de serie con eso de que tiene hermana mayor, bueno, y que se esteriliza nada en comparación con la exageración que había con Pichu. Pero cuando no es un pito, son dos, y los mocos y la tos son una constante en nuestra feliz existencia. Venga, que sólo queda año y medio más o menos. El cole lo empieza inmunizado fijo (sí, por favooooor). Y aunque lo cuente con guasa, ¡qué fatal se pasa teniéndolos malitos y lo que daría por cambiarme por ellos!

Favorito. Favorito ¿qué? ¿Color? El verde: los ojos de mi padre, los míos, la naturaleza… Hijos favoritos: ambos, cada uno por lo suyo, justo por lo que les diferencia y por lo que les une. Chico favorito: el mío, no hay más. Lugar favorito para perderme: cualquiera con mis tres tesoros. Momentos favoritos: sus nacimientos, sin duda, cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez para tejer un hilo que ya jamás podrá romperse.

Odio. Aunque suene repelente o incluso monjil, intento no odiar. Acción-reacción, ya se sabe. Malgastar energías con un sentimiento que me aporta nada y me quema mucho, no me compensa. La madurez me ha presentado otro algo menos perjudicial: la indiferencia.

Antojos. Me encanta esta palabra. Yo he sido barata en antojos; nada de fresas fuera de época ni de caviar ruso sobre canapé de pan de oro. Con Pichu me dio por comer sandwich vegetal a toda hora, y con Rubiazo sandía y atún (por separado, bonicos). El arroz a la cubana también triunfó bastante, pero ahora mezclo embarazos y no sé decir en cuál me apetecía tanto.

Parto. En ambos casos parí porque tuve una matrona más cabezota que yo, y que al haber atendido partos con mi papi, me trató extrabien; una gran profesional que se emperró en que, si Pichu no acababa de encajar, si hacía falta me ponía a bailar samba. Y repetimos procedimiento y profesionales con Rubiazo. Del primer parto salí diciendo “esto es para repetir”, a pesar de las horas interminables en dilatación y demás. Y repetí. La verdad, he tenido la suerte de tener buenos partos, sin complicaciones, y de sentirme muy mimada en ambos casos por el equipo obstétrico que me atendió.

Dudas. Dudas las hubo, las hay y las habrá. Creo que es algo inherente a la maternidad. Tener hijos te hace cuestionarte (a ti misma) y cuestionar un montón de cosas, aunque por contra, ganas en seguridad en ti misma y seguridad en tus actuaciones. Pero sí, dudar se duda mucho.

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Vacaciones. Del cielo a la tierra es el cambio que sufre esta palabrita cuando te conviertes en madre. Las vacaciones son por y para ellos desde el momento en que te miran por primera vez. Ahora, al preparar maletas, en vez de hacer lista de modelitos y modelitos “plan B” la haces de imprescindibles como: pañales, crema del culete, crema pieles atópicas y apiretal (a mansalva, just in case!). Y tu maleta es raquítica, coges brag(uit)as y poco más.

Juguetes. O esos trastos de los que no te separas ni para ir al pediatra. También conocidos por ser los nuevos elementos decorativos de tu salón comedor, o los objetos que aparecen por sorpresa en tu bolso o el cesto de ropa sucia. Los juguetes, en cuanto te descuidas, se montan unas fiestas que ríete tú de Ibiza, y siempre están más desordenados de lo que tú los habías dejado. En resumen, en ocasiones ¡son una pesadilla!

Lecturas. Yo os prometo que leer, leía. De hecho leía perfectamente estando en infantil, así que he sido una rata de biblioteca total y absoluta, de las de fundirse 1000 páginas en dos tardes. Peeeeero, desde que me convertí en madre, lo único que he conseguido leer entero ha sido el Libro de las Semanas Mágicas.

Sueño. ¿Mande? ¿Me crees si te digo que he acabado este ” discurso” dando cabezazos, luchando por abrir los ojos y soñando entre líneas? Perdí esta palabra en el camino de la maternidad. Con suerte, cuando tengan 50 años dejo de parecer un zombie. Sueño se pasa mucho, perdón, ¡muchísimo! Eso sí, una vez más, nuestro cuerpo es tan perfecto que se adapta también a eso, y sorprendentemente no nos caemos roncando en la cola del supermercado, ni nos quedamos “sopa” en el columpio del parque. Y cambiando de tercio… Mi sueño es que mis hijos vivan felices y sean buena gente, y que la vida les sonría a cada paso que den, porque tienen el corazón tan bonito que merecen lo mejor.

CON M DE MAMÁ y S de SALONCITO…

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36 pensamientos en “En el saloncito con… M de Mamá

  1. He entrado por aquí ,desde tu blog que lo he encontrado por el Premio de unasonrisaparamama . La verdad es que comparto y estoy de acuerdo con casi todo.
    ¡Pero que rápido pasa el tiempo! , los niños se nos hacen mayores más rápido de lo que nos gustaría.
    Un saludo

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    • Así es… El tiempo es efímero… ¡Y es cierto que nos hacen mayores! Y nos lo hacen saber también, Jajajajajajaja. Ayer mi hijo que acaba de hacer siete años me dijo por toda la cara que soy vieja ya… Porque empiezo a tener arrugas. Menos mal que aún ese tema no me acompleja, pero si lo hubiera hecho ¡apaga y vámonos! 😛

      ¡Un abrazo y bienvenida!

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    • Mil gracias por ambas visitas pues! Encantada de que hayas decidido “aceptar el café de Mixka” y de tenerte por aquí y por casa.
      La verdad, cuando eres madre el tiempo se va entre los dedos, da miedo!
      Un abrazo!

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  2. Mira, respecto al tema de las visitas ¡ni raros ni leches! Que la gente es muy metomentodo y no nos dejan respirar. Yo soy otra de las que ha escrito algún que otro post al respecto, pero es que en nuestro caso, incluso llegando a ser desagradables al pedir repetidamente que no viniese nadie al hospital hasta que la niña hubiese nacido ¡allí había una legión en la sala de espera antes de que yo misma hubiese ingresado para la inducción! El próximo parto espero que me pille de improviso para que no se entere nadie. ¡Qué entrevista tan completa!

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    • Qué bien! La verdad, siempre me gusta encontrar que no somos tan raros, y que es más común de lo que parece el que no guste tanta “festipower” en la habitación del hospital y luego en casa.
      Gracias por tus palabras!
      Un abrazo!

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  3. Tantas cosas buenas he oído/leido de Noni que ahora es un placer leerla en primera persona y, en unos días -que bien suena! ya no en unos meses, no… en unos días!- a conocerla en persona en esa super party en la que nos deslumbrará con su super modelito 😉

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    • Uuuuy qué horror! Que ahora es cuando al primer GT piensas “¿pero esta tipeta de dónde ha salido?”. Jajjjja!
      La verdad, yo también te go ganas de ponerte cara y charrar sin pantallas de por medio!
      Respecto a mi modelito… Ya te vale! Jajjjaaja! Cómo os gustaría que aparecierade esa guisa, eeh?
      Un besote!!!

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  4. Me ha emocionado la entrevista; sobre todo la parte de su padre y el amor tan inmenso con el que le describe. Ese sentimiento tan puro no se apagará jamás; por muchos años que pasen y por muy inmensa que sea la distancia que les separa.
    Y me he sentido tremendamente identificada con la palabra “vacaciones” y “juguetes”. Me voy de puente mañana y llevo dos días haciendo la lista de cosas de los peques que no debo olvidar coger y ni siquiera se que voy a llevarme yo!! (Espero no olvidar cogerme algo!).

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    • Silvia, muchas gracias por tus palabras. Qué bonito llegarle a alguien con lo que sale del corazón.
      Por cierto, si los virus nos dejan, nosotros también nos vamos de puente, pero esta vez no tengo claro ni el sitio! Se avecina desastre! Jajajaja!
      Un abrazo!

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    • ¡Hola Blanca!

      La que habla es Noni, la persona que dirige el blog “Con M de mamá”. Noni es una mamá que comparte su experiencia y sus impresiones a partir de quince palabras que le hemos presentado. Una entrevista diferente y totalmente personal.

      “El saloncito” es una sección de este blog de carácter quincenal, por la que han pasado ya más de veinte mamás y papás. No hay nada que entender en realidad. Se trata de COMPARTIR, de en muchas ocasiones desdramatizar la maternidad, porque en uno u otro momento, algunas, muchas mamás y papás hemos sentido y pasado por circunstancias similares y seguramente nos sentimos identificados e identificadas con muchas de ellas. Hemos sentido cosas muy parecidas. Se trata a fin de cuentas de compartir la experiencia que supone el ser madres y padres.

      Un abrazo 😉

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    • jajaja Blanca! Entender de qué? Yo no entiendo ni cómo van mis neuronas, sólo cuento lo que vivo con más o menos fortuna. Encantada de que me hayas leído y de que estés por aquí.
      Un abrazo!

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  5. Con lo de la lactancia me pasó lo mismo, qué importante es estar informada y no hacer caso a todo lo que escuchamos a nuestro alrededor, sobre “ya es hora de que le quites la teta”, etc… Sobre el padre, creo que es una figura que nos marca desde bien pequeñas, y por eso buscamos que nuestra pareja lo haga tan bien como lo hizo el nuestro con nosotras.
    Lo de antojos me ha hecho gracia, yo tuve con una antojo de dulce, y con la otra de salado. Vamos, que ahora a ellas les encanta lo que a mí se me había antojado :p

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    • Hola Marta!
      Gracias por leer y compartir también tus vivencias. La verdad, esto de la maternidad es todo un mundo que se deja explorar a cada pasito, cada día algo nuevo!
      Un beso

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