La maternidad de la A a la Z: Con “L” de Lar

Lar, sinónimo de hogar, casa, cobijo… Qué bonita palabra para este diccionario (Gracias a los autodefinidos pude un día descubrirla…). Pero dicho así no suena tan atractivo, no transmite sentimiento, ¿Verdad? Sin embargo es una palabra con un significado GRANDE con un origen lleno de historia.

Resumiendo os contaré que los Lares eran dioses de la antigua Roma cuya principal función era la de velar por el hogar de las familias. Como no soy una experta en historia y tampoco en mitología, y además este post no trata de eso, vamos a dejarlo ahí.

Según la R.A.E el significado de la palabra elegida es:

Lar.

(Del lat. lar).

1. m. hogar (‖ sitio de la lumbre en la cocina).

2. m. Mit. Cada uno de los dioses de la casa u hogar. U. m. en pl.

3. m. pl. Casa propia u hogar.

En realidad y si hacemos uso de la metáfora, incluso podría quedarme con la primera acepción. Recuerdo a una niña menuda alrededor de un fuego candente, colores rojos vivos y naranjas, la leña destellando y gritando en forma de chispa, mientras se consumía irremediablemente y un hombre al que le debo mucho más que el recuerdo que dejó sembrado en mí, avivando las llamas con un viejo fuelle. Esos recuerdos me traen ternura, calor del que sólo el cariño y el amor pueden transmitir. Olor a hogar. A refugio… Pero no es la acepción en la que hoy quisiera centrarme directamente.

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He tenido la suerte de crecer en un entorno lleno de calor, seguridad y amor con mis padres. Con nuestras manías particulares, con nuestra forma única de hacer las cosas. Como todos y todas ¿Verdad? Con unas normas que se basaban básicamente en el respeto y cierto es que puedo decir que mantengo un grato recuerdo de aquella época. En ese hogar crecí y forjé parte de la persona en la que día a día me he ido convirtiendo. Se lo debo a ellos, a mis padres, a los valores con los que me fueron impregnando. Cada uno me ha aportado cosas diferentes, complementarias pero indivisibles. Un lar donde las puertas permanecen abiertas para mí cuando lo necesito, o lo anhelo.

Veintitrés primaveras tenía cuando abandoné a todo llorar aquel lar y llegué a una casa vacía, en todos los sentidos. Nueva. Completamente nueva, pero vacía de recuerdos, fría, sin aromas que me recordaran a nada. Y poco a poco fuimos construyendo un hogar de dos. Con nuevas normas, diferentes, aunque nuestras. Con el tiempo el aroma fue irrigando cada rincón y entonces fue cuando decidimos darle un nuevo sentido a todo aquello. Entonces fue cuando viniste tú. Las cosas se torcieron… Y el hogar se convirtió en miles de pedacitos. Pero esa es otra historia que nada tiene que ver con esta…

En ese momento uno de los miedos que tuve fue el de no poder brindarte ese calor que yo con tan grato recuerdo hoy guardo en mi memoria. No poder darte en solitario todo lo que yo había recibido y me parecía tan normal, tan básico. De que crecieras en un hogar cojo porque se alejaba de los estándares que la sociedad marca. Pero la vida da mil vueltas, hijo… Y un buen día, sin buscarlo, o quizá sí… Algo, alguien, me devolvió la ilusión. Los miedos no se fueron de golpe. Hubo un camino que recorrer, hubo muchas heridas que cerrar. Pero nadie dijo que la senda fuera llana y recta. Eso nos hizo más fuertes a todos.

En pocos meses, me encontré reconstruyendo desde cero otro hogar. También nuevo, vacío, pero con olor a sano, a amor, a complicidad. Lleno de ilusiones y sueños por cumplir. Mis miedos desaparecieron de un plumazo y hoy, seis años después puedo decir que lo hemos conseguido. Con nuestras manías particulares, nuestras costumbres y rarezas hemos logrado construir sobre unos cimientos sólidos y fuertes un nuevo lar. Ese donde espero que tú, vosotros, crezcáis con nuestro abrigo. Un hogar que vayamos llenando día a día con nuestra esencia. Que lo sintáis vuestro para siempre. Un lar que el día de mañana, cuando miréis atrás, veáis y sintáis ese grato vestigio de lo que fue crecer en él y sonriáis. Y lo hagáis con el convencimiento de que sus puertas siempre permanecerán abiertas guardando el aroma de siempre para vosotros. Eso querrá decir que lo conseguimos.

Consulta aquí mi diccionario completo de la p/maternidad de la A a la Z

La p/maternidad de la A a la Z es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada p/madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la p/maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser p/madre. El objetivo es crear en red, colaborando un@s con otr@s, un “Diccionario de p/madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.

21 pensamientos en “La maternidad de la A a la Z: Con “L” de Lar

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  3. Como le decía a Lorena, en esta entrega estáis escribiendo cosas muy profundas y preciosas (y yo con mi entrega de desequilibrada mental, desentonando). Me encanta cómo eres capaz de hablar del pasado con esa serenidad y sin enjuiciar, supongo que por tu chiquillo. Por el motivo que sea, pero me gusta leerte cuando escribes sobre aquello porque aprendo lo que yo no soy capaz de hacer. Fantástico.

    Pero por supuesto me quedo con la evolución positiva que has tenido, con que hayas recuperado la ilusión y estés como estás hoy en día, feliz. ¡Te lo mereces!

    ¡Muacks!

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  4. Qué bonita palabras has elegido, y cuanto sentimiento les has puesto a todas sus acepciones. Me ha gustado un montón. Y ahora creando tu propio hogar!!

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  5. Y así será: esos deseos de hogar, de calor, de abrigo para tus niños, se darán. Cómo lo sé? Por tus escritos, por la forma en que transmites tus sentimientos, tus preocupaciones, tus valores, tu amor… ese amor incondicional que tus hijos siempre encontrarán en ti. No me cabe duda que ellos, cuando crezcan, narrarán sus propios recuerdos, describiendo ese hogar que tú día a día forjas para ellos, ese lar, ese refugio, esa morada… a la cual siempre se puede volver.
    Simplemente hermoso.

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  6. Qué preciosidad de post. Me siento identificada en muchos aspectos, sobre todo en esa sensación de haber crecido en un Lar solido, lleno de afecto, al que regreso siempre que puedo. Un Lar con el que nunca he llegado a cortar el cordón umbilical. Yo no tengo un Lar, tengo dos: del que vengo y el que he creado. Ahora queda lo complicado, hacer que cuando mis hijas crezcan sientan lo mismo que yo ahora.
    Un beso!

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  7. Qué bonito, Vero. Nosotros hemos cambiado tanto de piso (y de ciudad) que me daba miedo que mis hijos crecieran sin esa sensación de hogar, que yo experimento cuando vuelvo a casa de mis padres.
    Un día (Eureka!) llegué a la conclusión de que un hogar NO es un lugar físico, sino el sentimiento que envuelve a un grupo de personas cuando se reúnen, lo hagan donde lo hagan. Y me quedé tranquila.
    🙂
    ¿Cómo está el bollito que tienes en “el horno”? ¿Para cuando es la “merendola”?

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  8. Mi mas sincera enhorabuena por tu Lar. Solo con leerte has conseguido emocionarme, ya que en estos momentos estamos pasando por la etapa de pareja de búsqueda de nuestro Lar y espero lograrlo.
    Me alegra que hayas conseguido tus objetivos personales en tu Lar y que ello te haga sentir orgullosa.
    No hay nada mas hermoso que tener nuestro rinconcito caluroso y lleno de emociones donde descansar y recargar fuerzas
    Bss

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  9. Sólo puedo decirte que me parece hermosísimo lo que has escrito, pues muchas veces he pensado lo mismo, que ése es el lar que quiero para mis hijos, tan diferente al que yo tuve de pequeña. Me ha emocionado el último párrafo, si te tuviera cerca de daría un achuchón.
    Besos y gracias por escribirlo! 🙂

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    • ¡Hola Isa!

      Jejeje, me doy por achuchada, aunque sé que nones igual 😉

      De un hogar feliz o no tan feliz… De las experiencias aprendemos. Quizá esa no tan buena experiencia te haya ayudado a construir ese lar cálido, confortable y lleno de amor que quizá no tuviste, o tuviste pero con alguna carencia. (Por lo que intuyo de tus palabras… Hablo desde el absoluto desconocimiento, lógicamente).

      ¡Un achuchón para ti también… Hasta el infinito y vuelta!

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  10. Jo, Vero… Me has sacado las lágrimas…. Supongo que poneros voz, cara y gestos a esa familia que sois, ayuda… Pero qué precioso lo has contado!!!
    Todas las madres queremos llenar la cabeza de nuestros hijos de los mejores recuerdos posibles, de esos momentos que jamás se borrarán. Y sobre todo, qué importante eso que dices, que crezcan seguros para volar libres sabiendo que tienen, para siempre, da igual hacia donde vayan, un lugar al que volver.
    Precioso.
    Un besazo!

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    • ¡Gracias Vero! 🙂

      Sí, sin duda para mí poder darles a mis hijos, a mi familia, el hogar que tuve yo, sólo eso en sí ya es un triunfo. Yo creo que los baches (que todos pasamos por ellos, con mayor o menor intensidad), te ayudan a valorar mucho más lo que vas construyendo.

      Y qué duro será ese momento, que inevitablemente llegará. Ese momento en el que ellos mismos comiencen su propio camino construyendo el suyo propio. Su hogar.

      ¡Un besazo!

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