150 palabras… El misterioso secreto de la ciudad perdida. El desenlace…

 

Tras siete largas semanas de misterio e intriga… Por fin, el desenlace…

A continuación puedes leer la historia completa. Como ocurre en la propia vida, en función del camino que decidamos seguir, muchas veces las cosas pueden tomar un rumbo u otro. Por ello, he decidido darle tres finales totalmente diferentes a este relato que ya cuenta con 1200 palabras. Espero que disfrutes de su lectura y que seas tú quien decida cómo termina “El misterioso secreto de la ciudad perdida”

¡Gracias por estar ahí semana tras semana!

(Pepino, pez, armario)

La aldea de Jakaramunda era un lugar pequeño y de gente muy humilde, olvidada en alguna misteriosa región que no aparece en los mapas.

Los lugareños pasadas las doce de la noche se retiraban a sus casas y cerraban a cal y canto puertas y ventanas. Era su único cobijo. Vivían aterrorizados. El miedo se respiraba, se observaba en sus ojos. Las calles quedaban desiertas, el silencio se apoderaba hasta del último rincón.

castle-hi

Una vieja leyenda decía que a esa hora cobraba vida el maleficio, cualquier persona que anduviera por la calle JAMÁS volvería a ser vista.

Las malas lenguas decían que en la colina más alta, en el castillo del Duque se hallaba el sobre que contenía la forma de romperlo, pero nadie osaba acercarse. Era un hombre huraño y la vida hizo de él un ser despreciable. Un baile de sensaciones y temores recorría las calles del lugar.

Ramón era un muchacho tímido y reservado, no hablaba mucho y la soledad era su mejor compañía. Sus ojos negros transmitían tristeza. Su vida era como un papel mojado, sentía cómo se iba deshaciendo poco a poco. Sólo él sabía el origen de su desgracia. Harto de vivir en la oscuridad, se levantó temprano, se asomó a la ventana y miró el castillo del Duque con recelo.

Se puso su ropa, ajada y sucia, lavó su cara sin demasiado interés y salió de Jakaramunda sin mirar atrás. Atravesó por fin las fronteras que hacía años que no traspasaba. Subido en su vieja moto se alejaba poco a poco disfrutando de aquel aire acariciando su cara… por fin se sentía libre como una rana en un estanque después de mucho tiempo.

En ese preciso instante decidió que debía cambiar su destino y el de la aldea que lo había visto crecer. Tomó aire, notó cómo entraba en sus pulmones, cómo el oxígeno llenaba de pureza su organismo, y de un impulso se levantó del suelo y retomó su vuelta. Miró su mano, estaba nervioso, temblaba como un cachorro asustado cuando es alejado de su madre. Pero no había vuelta atrás, la decisión está tomada.

Cuando llegó a Jakaramunda eran las diez de la mañana. El bullicio llenaba sus calles, las gentes iban y venían enfrascadas en sus conversaciones. A esas horas cada rincón estaba lleno de vida. Allí, en una esquina, sentada en un viejo banco apolillado estaba ella, Clara. Una muchacha muy guapa, de ojos grises y pelo rubio. Cruzaron sus miradas y ella nerviosa tocó sus trenzas y retiró su mirada sonrojada. Era tan bonita…

No supo ni cómo ni por qué, cuando quiso darse cuenta estaba frente a ella. Le sonrió, por una vez desde hacía años sonrió.

El reloj del viejo campanario marcó las ocho. Habían estado horas hablando, intercambiando miradas y confesiones. En ese momento surgió, un quiebro en el estómago, un dolor agudo en el pecho, y lo supo, sobraron las palabras. Ramón la acompañó a casa, se quedó en el umbral, viendo como se alejaba, observando cómo su silueta se iba difuminando en la oscuridad. Caminando como si fuera movida por hilos, delicada y perfecta…

RobleAl día siguiente acudió al punto de encuentro, junto al viejo roble, al pie de la colina azul, como todo el mundo la llamaba. Había encontrado en Clara a la aliada perfecta para llevar a cabo su plan. Juntos romperían el maleficio, devolverían la luz, la ilusión y la alegría a la aldea.

Mientras esperaba, concentró su mirada en las abejas juguetonas que bailarinas rondaban las preciosas amapolas. Y entonces llegó.

– ¡Hola Clara! ¿Estás lista?
– Sí. – Contestó.

Se dirigió con decisión al tercer peldaño de la escalera que daba acceso al desván. Las tablas eran viejas y se habían ahuecado con el paso del tiempo, por lo que no le costó trabajo sacar una de ellas. Introdujo su mano y sacó un papel perfectamente plegado, teñido de un color amarillento por el paso del tiempo. Sopló sobre él y una gran capa de polvo se dispersó por el aire.

En sus manos estaba la clave, ese secreto que durante tantos años había permanecido guardado en su poder, oculto bajo la vieja escalera. Apretó el papel con fuerza, se aferró a él y lo metió en el bolsillo de su camisa. Jamás se sintió lo suficientemente audaz como para afrontar semejante responsabilidad. Pero ese día era distinto. Se sentía más fuerte que nunca. Su corazón palpitaba tan deprisa que pareciera que iba a descarrilar. Estaban juntos, eso bastaba.

Extendió el papel sobre el suelo y colocó varias piedras sobre él para evitar que el viento lo hiciera volar… Sólo era una parte del rompecabezas… Debían buscar la manera de entrar en el castillo del Duque y hacerse con el sobre que contenía la pieza que completaría el mapa. Sin ella interpretar el jeroglífico no sería posible.

Con los dedos dibujó en la arena el castillo y el camino que seguirían para no ser vistos. Marcó los puntos estratégicos. Entrarían por las antiguas mazmorras, siguiendo el pasadizo secreto. Con un palo desdibujó todo para no dejar huellas de lo que estaban tramando. Lo harían al alba, cuando el rocío todavía deja su huella en las flores.

Y antes de que el sol terminara de esconderse tras las montañas para dar paso a la temida noche, y cobrara vida el maleficio, se amaron como si no fuera a haber mañana.

VentanaLa luz tenue que anunciaba el despertar del nuevo día, atravesó curiosa por las cortinas, iluminando sus cuerpos desnudos que reposaban abrazados. Fueron abriendo los ojos y sin mediar palabra se pusieron en pie.

Ramón rebuscó en su mochila de safari donde esperaba encontrar su linterna suiza, metió la mano en su interior y de ella salieron un mapa, una brújula estropeada y varios metros de cordel, que utilizaba en sus expediciones. Clara repasaba el plan en voz alta, más con intención de calmar sus nervios que por el mero hecho de recordarlo.

-¿Estamos listos? – Preguntó Ramón.
– Tengo miedo, pero por supuesto. Estoy lista.- Respondió ella.

Y sin mediar palabra pusieron rumbo al castillo por el viejo camino que rodea la montaña. Aquel edificio que a lo lejos se veía tan pequeño, fue haciéndose cada vez más grande a medida que sus pasos se iban acercando a él.

FINAL I.

En el camino se extendían innumerables montones de pez*, que iban quedando atrás mientras avanzaban. Ya en las puertas del castillo, se agazaparon entre unos arbustos para comprobar que no había ningún vigía que pudiera verles.

La puerta estaba abierta. Como si alguien hubiera intuido su llegada y les estuviera esperando. La franquearon y se encontraron con un armario, las puertas abiertas dejaban ver tres grandes escudos y una amplia colección de espadas. Al otro lado, una alacena. Sobre ella se encontraba una cesta con un pepino y un ramillete de zanahorias. El olor a tierra fresca anunciaba que acababan de ser traídas del campo.

Sin saber bien de dónde salió, una ballesta atravesó el corazón de Clara, que agarrándose el pecho cayó al suelo, sin vida. Ramón, se desplomó, roto de dolor. Todo había terminado. Tomó el sucio mapa inundado en lágrimas, lo destruyó y se quitó la vida.

FINAL II.

La puerta del castillo estaba ya ante sus ojos. Sus miradas no alcanzaban a verlo por completo. El silencio llenaba los campos y sólo se escuchaba el murmullo de alguna ave viajera y la leve brisa del viento. Las puertas estaban ligeramente abiertas, como si alguien supiera de su presencia.

Un fuerte sonido lo despertó de repente. Otra vez se había vuelto a repetir el sueño. Se levantó y aún con el torso desnudo abrió las ventanas de par en par. Madrid la ciudad donde siempre había vivido despertaba ante sus ojos.

Abrió el armario y sin dedicarle apenas dos segundos, tomó el único vaquero que prendía de una de las perchas. Se dirigió al salón y echó varias migajas de esa extraña comida que su pez Mario tenía la costumbre de comer. Desayunó mientras preparaba un sándwich de atún y pepino y se dirigió al trabajo, un día más.

FINAL III

En el camino encontraron un pez sin vida que muy probablemente habría salido de la charca sin proponérselo. Llegaron a las puertas del castillo y Ramón, como si conociera a la perfección el alcázar, franqueó sus puertas, dejando atrás un viejo armario en el que se podían advertir un pepino recién cortado. Clara le siguió sin pensarlo.

Con paso decidido subió la larga escalinata, acariciando con sus manos aquella barandilla labrada de color dorado intenso. Abrió la puerta de la primera estancia. Allí estaba el Duque. Su cara mostraba serenidad, era como si esperara su llegada, y así era. Llevaba años esperándola.

-Hola hijo mío.

-¡No me llames así! Sabes a lo que vengo.

-Lo sé. Sabes que no puedo dártelo.

Ramón, sin dudarlo sacó la daga que escondía en el bolsillo y se la clavó en el corazón. Con manos temblorosas le arrebató el sobre de entre las manos.

*Pez: Montón prolongado de trigo en la era.

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150 palabras es una entrega dominical, creada por Marta, (Diario de algo especial) de una microhistoria o micro relato, con la que podemos dar rienda suelta a nuestra creatividad, y enfocada a los niños. Te daré tres palabras de inicio, y habrá que crear un cuento. ¡de 150 palabras!

Después no te olvides de enlazar con el link aquí debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar.

Para conocer como nació esta idea de 150 palabras y las reglas, puedes hacer click aquí.

18 pensamientos en “150 palabras… El misterioso secreto de la ciudad perdida. El desenlace…

  1. Tía, me has dejado alucinando. No sabría por qué final decantarme. El segundo, de sueño es quizás el más esperado en un relato como el tuyo. El primero me llama la atención poderosamente, una especia de Romeo y Julieta, y el tercero es, quizás el más intrigante.

    En cualquier caso, leer la historia de principio a fin me ha encantado. Ver los detalles que se van perdiendo de domingo a domingo en una sola ojeada es magnífico, y me dice que eres muy buena escritora!!!

    Besos especiales

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  2. Termino!! Voy a extrañar esta historia… Me sorprendiste, de verdad, me costó pensar una historia con estas palabras y vos ¿pensaste 3? :S

    Bueno, yo me quedo con el II… No quiero ver a los protagonistas y tampoco me gustan los finales abiertos… o sea… quiero saber que dice el sobre!!!

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  3. ¿Sara? ¿Pero quién es esaaaaa? ¿Es una trampa para asegurarte de que te leemos con atención? 😉

    Me quedo con el final trágico I. El II me deja vacía, después de la intensidad de la historia y cómo nos has hecho sufrir. Vamos, ¡que no te dejo! Jajaja.

    Y el final III,¡¡no es un final!! ¿Qué hay en el sobre? Votaría por este, pero te obligaría a seguir escribiendo, jajaja.

    Un beso

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    • Hola preciosa…

      Pues no, no era una trampa… Jajajajajaja… Un gazapo como la copa de un pino. ¡Gracias por avisar! (Corregido)

      El final tres tiene su miga si lo piensas… El Duque es el padre de Ramón… Ese secreto que tanto atormentaba su vida… Y al quitarle la vida, le arrebata el sobre donde está la solución al maleficio… Por tanto, miaterio resuelto… Jajajajajaja 😉

      ¡Un besito!

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  4. Bueno, me la he leído de un tirón, enganchada hasta lanultima palabra. Como soy muy sentimental, no quiero el final 1, que pena. Y el dos, pues tampoco, no quiero que toda la historia sea un sueño…. Así que me quedo con el 3, ale. Ya he decidido.
    Besos

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    • ¡Hola guapísima!

      Es lo mejor. Leerlo de seguidillo…

      El primer final es quizá demasiado trágico, pero a veces las cosas no nos salen como nis gustaría en la vida.

      El segundo final, si quieres que te sea sincera era el definitivo… Pero no se lo digas a nadie. Es un secreto. Lo que pasa es que pensé… ¡Me matan!

      Y el tercero es definitivamente el que gana por aplastante mayoría… El origen de su desgracia. Un padre sin escrúpulos. Un abandono. Y una venganza.

      ¡Un besote! 🙂

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    • Hola Sirenita observadora y salvadora…

      Si no me lo llegas a decir, el tercer final hubiera quedado descalificado… Una rectificación a tiempo y ¡listo! Y es que además se me ha ido a olvidar justo la palsbrita de marras… Para mí, desluce el relato totalmente… Creo que ha sido un acto de mi subcontinente… Peeeeero, ya está, solucionado.

      ¡Gracias guapa! 😉

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  5. Jooooolinnnn!!!

    El primero no!!! No puede morir ella … pobre!!!!!

    El segundo tampoco… Madrid? ? No no no

    El tercero siiiiiii le clava la daga en el corazón al malo si si si si

    Jajajajjajajajajaja artista!!!!!!

    Pues ala ahora la versión extendida!!!!!!!!!!

    Biiennnnnnnn!!!!!!!!

    Muakkkkk♥♥♥♥

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